
Desde hace más de una década atrás académicos y estudiosos de las Relaciones Internacionales alertan del papel cada vez más importante que, sostenidamente, viene asumiendo Brasil en el escenario internacional. Si Brasil ha dado muestras de su decidida autonomía en temas como las aventuras belicas de EEUU o los pedidos de reforma al diseño institucional de las Naciones Unidas -particularmente a la conformación del Consejo de Seguridad-, a nadie debe extrañar que para la diplomacia de Itamaratí la construcción de ese liderazgo empiece por la propia región suramericana.
Con el Perú de escenario, los cables referidos por Kozloff dan cuenta de una discreta pero a la vez intensa pugna entre las diplomacias brasilera y estadounidense por atraer a sus respectivas esferas de influencia a los gobiernos de ese importante país andino. Como figura menor y menguante de esta trama aparece un Hugo Chávez alicaído en su influencia y, en la realidad política -no mediática- claramente confrontado por la estrategia de politica exterior del entonces gobierno de Lula Da Silva. Es así que en reuniones con Alejandro Toledo -presidente saliente- y Alan García -presidente entrante- el asesor de política exterior de Lula, Marco Aurelio García, habría recomendado desoir las "diatribas" de Chávez a la vez que boicoteaba el proyecto de "Banco del Sur", apoyando una integración financiera con papel estelar de la Corporación Andina de Fomento (CAF).
Los cables revelan como que Curtis Strubble, por aquella época embajador estadounidense en Perú, tenía una innegable visión del Brasi como un rival y competidor frontal por la hegemonía geopolítica, al punto que habría afirmado que su país y Brasil sostenían una "lucha no declarada". Si bien el embajador señalaría luego que EEUU estaba "triunfando en la mayoría de asuntos" -particularmente el TLC-, acotaría también que Brasil se mantenía bregando por aumentar sus posiciones en el Perú, particularmente a través de la conformación de la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR) que, a su su criterio, disminuiría la influencia de la república norteamericana en la región.
El tiempo demostró el éxito de la política de integración brasilera con la efectiva conformación y actual vigencia de UNASUR, iniciativa que sólo parece destinada a fortalecerse en el actual contexto internacional de mayor debilidad económica, financiera y política de los países desarrollados y contracción de los mercados internacionales. En el caso de Perú, las relaciones con Brasil incluyen además, principalmente, grandes proyectos hidroeléctricos y otros de obras públicas vía Odebrecht, minería, provisión de armamento y equipos militares, e incluso una Autopista Interoceánica que materializaría lo que en Ecuador se prometió a través del cacareado "eje Manta-Manaos".
Quizá sea más decidora de la mentalidad imperante en muchos gobiernos suramericanos de la actualidad la afirmación que el artículo de Kozloff atribuye a Alan García en el sentido de que "es preferible una hegemonía regional del Brasil a una de los Estados Unidos".

