
Con los actos de mañana concluirá el homenaje oficial al Viejo Luchador cuya imagen en los últimos meses es el principal símbolo que decidió usar el Gobierno. Incluso el Ministerio de Patrimonio coordinó la Comisión Interinstitucional de la Hoguera Bárbara, que entre sus misiones tenía el rescate de la imagen del general Eloy Alfaro y también la organización de la conmemoración oficial de los 100 años de su muerte.
Para el régimen la figura del ex presidente tiene varias connotaciones que son de suma importancia política. Uno de ellos es volver a un discurso revolucionario que fue, incluso, el que permitió convocar a la pasada Asamblea Constituyente en Montecristi, la cuna del general Alfaro.
El mismo presidente Correa ha resaltado en varias oportunidades la figura de Alfaro y ha llegado a compararse con él y con su lucha en contra de las oligarquías del país.
Y también hay un golpe de efecto que es muy atractivo para el Gobierno cuando se identifica a la Revolución Alfarista con la Revolución Ciudadana y al presidente Correa con el general Alfaro, que es el personaje más reconocido de la historia ecuatoriana y que personifica también a la figura del héroe nacional.
Pero en medio de toda la planificación de la conmemoración surgió también la voz de la polémica cuando la ministra coordinadora de Patrimonio, María Fernanda Espinosa, el pasado 25 de diciembre sugirió iniciar un proceso de recolección de firmas para modificar el acta de defunción de Eloy Alfaro y aclarar quienes fueron los verdaderos autores del crimen.
Esa declaración fortaleció el discurso que meses antes ya había bosquejado el Gobierno y anunciado el mismo presidente Rafael Correa, centrado en que los autores del crimen habían sido los medios de comunicación y las oligarquías del país y no “el pueblo de Quito”, como se lee en la partida de defunción levantada tras la muerte del ex presidente Alfaro.
La intención política estaba destinada a la polémica y a su fracaso. Es que fueron las voces de académicos e historiadores quienes se encargaron de demostrar a la ministra Espinosa y al Gobierno de que la historia no se cambia con un proceso de recolección de firmas y el cambio de un documento, intención que de concretarse podría ser peligrosa porque sentaría un precedente de este tipo de cambio de documentos públicos e históricos.
Todo ello pese a las voces de otros especialistas como el historiador Juan Paz Y Miño, quien, sin haber avalado la intención de modificar el documento, resaltó desde la historia lo que él considera que son las similitudes entre el actual Gobierno y la Revolución Alfarista.
Así el régimen no pudo concretar uno de sus planes para reivindicar al alfarismo y por eso el Ministerio de Patrimonio tuvo que hacer una aclaración pública y decir que la intención de modificar el acta de defunción de Alfaro había surgido como una propuesta de varios “colectivos sociales”.
Con uno de los objetivos incumplidos, mañana el Gobierno conmemorará el centenario de las Hoguera Bárbara. El presidente Rafael Correa emitirá su discurso frente al monumento –que dijo que ampliará el año próximo- y enunciará varios de los principios del alfarismo. Resaltará ahí la imagen del ex presidente asesinado hace cien años, imagen con la que el mismo Correa ha intentado generar similitudes. “Ya basta de esos poderes fácticos, se acerca el centenario de la Hoguera Bárbara, ¿queremos otra?” dijo el presidente el martes, tras la fallida audiencia de casación en el caso El Universo.

